06 mayo 2016

Prince y Tomita



"Joder, Jesús, estoy leyendo que ha muerto Prince. No quiero creerlo, no puedo. Lo acaban de confirmar por la radio. Te juro que voy conduciendo y llorando. No puede ser. Me mata esta noticia, de verdad. Es un genio de la música. No quiero vivir en un mundo en el que no esté Prince."

Mi amiga Sandra me escribió estas líneas de Whatsapp la tarde en que encontraron el cuerpo sin vida de Prince Rogers Nelson, "Prince" en un ascensor de su mansión de Paisley Park. Hemos crecido con él, con su prodigio y su histrionismo, su misterio y su estajanovismo. Su figura, o personaje, como mito del pop ocultaba a veces unas habilidades únicas como músico que difícilmente se podían o podrán igualar. 1'60 de inmenso talento.

Mucho se ha dicho y se dirá las próximas semanas y meses de Prince. No voy a recordar su vasta discografía, su camaleónica imagen, su SLAVE en la cara y el puñetazo a la mesa a la industria de la música. Su manera de tocar la guitarra y la capacidad de hacer discos él sólo, de principio a fin. "Escucho música todo el tiempo, es casi una maldición saber que puedes hacer siempre algo nuevo", decía.

Yo recuerdo a Prince saliendo de una bañera en el video de 'When doves cries', quizás la primera vez que le presté atención (sí, no soy de los que adoran 'Purple Rain'. Prefiero 'Sexy MF', o su lado más rockero). También le asocio a cuando empezaba a salir por esas tardes noches del invierno de 1991, con fotocopias de DNI trucadas y gin-kas antes de la cena. En uno de ellos, Navy (el de los viejos a partir de medianoche y sofás vintage) siempre sonaba 'Get off' y me volvía loco.


Isao Tomita, por otro lado, también nos dejó el pasado 5 de mayo. Fue uno de los pioneros de acercar la música electrónica al gran público en los 70, y de reinterpretar a los clásicos con sonidos sintéticos, como hizo Walter/Wendy Carlos años antes. Tomita para mi siempre estará ligado a la sintonía de un programa de televisión que siempre añoro y entonces, cuando lo veía de pequeño, me producía asombro, extrañeza y fascinación: 'Planeta imaginario'.



Siempre estaré agradecido a Miquel Obiols por haber creado 'Planeta imaginario', por hacer que Flip y Muc siempre estén conmigo en el recuerdo y, sobre todo, que la versión de Tomita del 'Arabesque nº1' de Debussy la asocie, no sólo al programa, sino a una parte de mi vida donde era feliz. No porque ahora no lo sea, o lo haya sido todo este tiempo. En realidad gracias a lo que asocio a ese programa, a ese mundo creativo, y a esa música que lo acompañaba, pienso que puede existir esa idea de la felicidad "sin más", sin ligarla a una idea materialista o incluso sentimental de satisfacción. Era feliz, simplemente, por lo que podía imaginar ser bajo una capa de cristal protector que, inevitablemente, el tiempo ha ido desgastando.

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