27 abril 2014

Before / Antes


"Déjame cantarte un vals", cantaba la bella Celine a Jesse, en aquella buhardilla de Paris, mientras tomaban una manzanilla antes de que Jesse se fuera al aeropuerto para volver a Nueva York. Muchas películas me gustan simplemente por detalles. En esta, por ejemplo, hay muchos. Por ejemplo, se habla de París sin caer en tópicos de películas románticas de la capital francesa: No hay besos en un parque, no comen croissants en un hotel, no se ve la Torre Eiffel en ningún momento. Cosas así. Tal vez porque no es una película romántica. Es más bien un documental: Se presenta la naturalidad de esos personajes que se vuelven a ver después de tanto tiempo, y con tantas cosas de las que hablar.

Es 'Antes del atardecer', la segunda película de Richard Linklater sobre la pareja que una vez decidieron pasar un día y noche inolvidable cuando decidieron bajarse de aquel tren en Viena. Eran jóvenes. Eternos. Bellos y arriesgados. Pasionales. Creo haber sido algo de eso alguna vez, o tal vez no eran más que síntomas de un romanticismo empedernido. A veces nadaba en un estanque de tormentas, con el techo casi golpeando mi cabeza tratando de no ahogarme en él. Pero recuerdo que tuve grandes momentos. Esos que marcan gustosos e imperecederos en la memoria como tatuajes en la piel. No pude dejar de sentir algo especial al ver esta película, algo que me conectaba con ese momento único y trágico en el que se atisba una despedida. Ese "Pues bueno, ahora nos vamos cada uno por nuestro lado". Y sentir, no esa ñoñería de las putas mariposas en la tripa, no. Me refiero a una explosión en cadena, apenas incontrolable, que se te escapa del corazón mediante latidos ensordecedores que te aturden y enfocan tu visión de la realidad sólo en un punto que sabes que en un momento u otro acabará por difuminarse en la lejanía.

O quizás, decides perder ese avión.

Ese avión, Jesse.

Y cambias tu vida para siempre.

A veces sueño con aviones. Antes era más de trenes: Estaciones gigantescas y vacías con trenes que pasaban a mi lado a toda velocidad. Últimamente son aviones. Dentro, despegando, aterrizando, en tierra. Con esa sensación de majestuosidad al contemplarlos, como ahora hago cada día, al despegar y aterrizar. Y también ese momento de pánico 'may-day' ante el momento crítico del despegue. Nunca entendí los significados de los sueños. Creo que son simplemente recursos aleatorios que usa nuestro cerebro para entretener nuestro descanso. Más allá de las causas científicas, claro, si investigáis un programa llamado 'Resolume', encontraréis ciertas similitudes con ese acto de soñar. Con esta aplicación, puedes lanzar videos de forma aleatoria en proyectores, por ejemplo. En un sueño tenemos esas imágenes basadas en nuestros recuerdos que tratan de sincronizarse con las ondas cerebrales que trabajan sin descanso toda la noche, fluctuando según nuestras preocupaciones, estados de ánimo o simplemente la digestión de la cena.


Y yo que quería hablar del amor, las relaciones y una buena trilogía dirigida por Richard Linklater sobre la pareja, el paso del tiempo y los sentimientos. Y al final acabo por hablar de trenes, aviones y un programa para VJ. Ah, y no sé qué movida sobre explosiones en cadena y latidos ensordecedores. Esto último, dejes de aquel romántico del estanque de tormentas, supongo.

Me temo que si continuo podría escribir muchísimos párrafos esta noche.

Otro día hablamos con calma de 'Antes del amanecer', 'Antes del atardecer', y por supuesto 'Antes del anochecer'.

23 abril 2014

Instrument



"We need an instrument to take a measurement

To find out if loss could weigh"

(Necesitamos un instrumento para realizar una medición
Para averiguar si puede pesar la pérdida)

Hubo un tiempo en que era, pensaba y vestía de una manera
muy particular

Pero ese tiempo ya pasó

Se perdió

Y ahora sólo me quedan las palabras de entonces
muchas canciones
y recuerdos empapados de ansiedad

Pero todavía hoy
sigo buscando ese instrumento.

11 abril 2014

Drive

Últimamente conducir es lo que más unía a Mr. Hun Shu y a su padre. A él le daba seguridad y autonomía y al padre le volvía a poner en conexión con su hijo, con sus virtudes y sus debilidades, y él se erigía como figura paterna instructora. 
Un día, después de comer con su familia en un restaurante portugués, Mr. Hun Shu conducía por unas calles a las afueras de la ciudad para ir a casa de su hermana. Su padre, en el asiento del copiloto, bromeaba con su sobrina, que iba en el asiento de atrás. Acababa de empezar la primavera, y hacía un calor que todavía no era asfixiante. Apenas había gente por la calle y una luz cálida brillaba encima de un terreno colonizado por pequeñas urbanizaciones y adosados ocasionales. 
Entonces tuvo una agradable y extraña sensación. Extraña por ser virtualmente conocida.
Quizás estaba todo en su imaginación.
Pero era como si hubiera vivido algo parecido antes, en otra vida paralela.
Estaba Mr. Hun Shu conduciendo un coche con un grupo de amigos, con 18 o 19 años, yendo por una carretera parecida. Atardecía en verano, con esa luz anaranjada y brillante, y se encontraban quizás cerca de la playa. Era así porque seguro que no estaban rodeados de grandes edificios ni había ese típico tráfico agobiante. No era la ciudad, definitivamente. 
Incluso tal vez fuera en otro país.
Entre ellos había risas y mucho vacile. Quizás iban a un concierto. A la fiesta en casa de un amigo. O a patinar por ahí. Alguien fumaba hierba, otro tenía un skate. Tal vez había una o dos chicas en ese coche. Oían hardcore melódico y punk rock. Mr Hun Shu conducía, paraba, arrancaba, aceleraba y podía sentir una cálida camaradería, con esa intensidad juvenil y sus ganas de devorar el mundo. 
Sentía vida. 
Una vida paralela a la suya. A aquellos 18 - 19 años que realmente vivió.
En alguna otra parte del pasado.
Náufrago en sí mismo. 
Mr. Hun Shu siguió conduciendo mientras su padre bromeaba con su sobrina. 
Era agradable y extraña esa sensación.


08 abril 2014

Televisión

"Tal vez debiéramos permanecer algo más fríos frente a la televisión porque temo que en el otro lado nos pueden ver"



El programa de hoy es para gente como tú y como yo.
No
Deben saber quién soy...

04 abril 2014

Labor omnia vincit


Respuesta habitual en la búsqueda de empleo de Mr. Hun Shu

"El trabajo todo lo vence" Virgilio dixit

01 abril 2014

1990

El padre de Travis acababa de encontrar una cinta VHS que ponía "1990". Eran clips de video que el mismo grabó durante aquel año, con su cámara Sanyo Hi8 que compró por 125.000 pesetas. Entonces era la gran novedad. Durante unos cuantos años la llevó a todo tipo de reunión entre amigos, familiares y excursiones varias. Se sentaron ese domingo Travis, su padre y su madre frente a la tele en el salón y empezaron a ver aquella cinta, gastada y llena de drops en la imagen, que chirriaba a ratos en los gastados cabezales del vídeo. "Que horror de voz" dijo su padre al oír sus audiocomentarios durante un eterno plano secuencia del trayecto por carretera entre El Pardo y Madrid. Lo más destacado en estos vídeos eran los recursos narrativos que con más o menos acierto se iban experimentando involuntariamente: El mareante zoom completamente desestabilizado, los alocados paneos, la tapa puesta al empezar a grabar una toma, el toque en falso del "pause" o "stop" que hacía que se siguiera grabando conversaciones absurdas, discusiones y suelos fuera de foco, el cambio del plano subjetivo (ahora grabas tú, ahora se la doy a Miguel, deja que la coja yo, etc. ) y las indicaciones de quienes agarraban la cámara en ese momento (Hay que darle al REC, no, al botón, ¿tiene que estar en rojo?, cómo se quitan esos números, di algo, ven aquí, no te escondas, ve para allí, no te muevas tanto , etc.)



En un plano aparecía la madre de Travis conduciendo, casi 25 años más joven. "Fíjate cómo conducía, sabía hacer cosas. Ahora no sé hacer nada, soy una inútil" decía su madre mientras apoyaba su cabeza en una de sus manos temblorosas. "Mamá, no eres una inútil, sólo has perdido práctica". Sus intentos de animarla sabía que eran en vano. No le gustaba envejecer y era consciente de sus limitaciones. Su madre no respondía al concepto de ancianos vitalistas, al estilo del viejo ese del anuncio de Ikea que va con una silla por todo el mundo, o el entrenador personal del imbécil de Aznar, ese que casi se abre la cabeza en un programa tratando de demostrar su vitalidad. Pero tampoco está senil en una silla de ruedas, ni postrada en una maldita cama de hospital enganchada a máquinas que fuerzan su vida más allá del dolor. Ella en el fondo se sentía tranquila en casa. Pero al verse ahí, más joven, con otro pelo, un cuerpo menos castigado por el tiempo, se sentía muy lejana y abandonada a la inevitable vejez.

En un momento del video, durante una fondie en la casa de Elena, aparecían los perros que entonces tenían. "Qué pena esos perritos, hace tanto que murieron", dijo su padre. En el video salían varias amigas de su madre, que también fueron murieron en estos años. Y su tía-abuela Dolores, también fallecida. Pero ahí estaban en la tele riéndose a carcajadas, respirando toda la vida del mundo, caminando y posando delante de la cámara, imitando a presentadores de informativos, disfrutando de la carne, las salsas, la queimada y los chistes del marido de Elena. Luego empezó la parte del primer viaje a Galicia, en verano. Estaban en la antigua estación del Norte junto con la familia de Elena. El padre de Travis seguía grabando detalles, un perro que pasaba por el andén, los coches entrando en los vagones portacoches, los carteles del destino del tren, ruedas, raíles, camarotes, un pájaro, los grafittis a la salida de la estación. En el viaje en tren también salían Travis y su hermana. Ella, risueña y cariñosa. Él, incómodo y tímido.

Entonces llamaron a la puerta, venía la hermana de Travis con sus hijos y su marido para comer con la familia, como casi todos los domingos. Así que apagaron el video para poder seguir viéndolo más adelante. Y todo volvió de repente a la realidad, 25 años después.