01 agosto 2014

Breve exilio en Helsinki - Día 4 (y último)

BREVE TELEGRAMA DESDE AEROPUERTO HELSINKI - VANTAA

Desayuno en el hotel. Compra post tailandés express. Mucha canela. No sé cómo se llaman.Vuoksen piirakka es uno de ellos. Buenísimo. Me acicalo y preparo maleta. Check out. Dejo maletas en habitación y, cómo no, salgo a dar una vuelta. Tranvía 8 a final de línea por mi zona. Me hace compañía un homeless. Final de recorrido: Salmisaari. Todo desértico. Edificios y carretera en construcción. La nada. Aquí termina Helsinki. Veo párking de ferries a Estonia y Rusia. Inmensa explanada. Llego a inicio de Tranvía 9, junto a entrada del puerto de esos barcos. Subo. Parada otra vez en Hakaniemi. Sí, hay un mercado de frutas. En parada de tram casi me alcanza una lata de cocacola que vuela del techo. Tranvía 1, a tomar por culo me voy. Al norte. Última parada, muy lejana: Pohjolanaukio. Sigo más al norte caminando por Pohjolankatu. Mitad de calle con bloques feísimos. En la acera de enfrente, mansiones llenas de árboles y belleza. Hay otros mundos, pero todos están aquí. Vuelvo atrás a zona peculiar y bastante curiosa, justo unas paradas antes de la última del tranvía: la misma calle de antes pero por la zona de Käpylä. Avenida con casas de madera, de diferentes colores cada una de estas casas. Todo rodeado de naturaleza y vida tranquila. En una de las casas hay una moto aparcada en la entrada. No hay puertas. No hay cámaras de seguridad ni alambradas.
No se necesitan.
Me quedaría a vivir en esta calle, sin duda.
Encuentro con equipo de rodaje que graban al tranvía. Una cámara, dos eléctricos y equipo de iluminación básico. Da indicaciones al tranvía. Con pasajeros dentro. Llueve un poco. Vuelta al centro. Último paseo y metro dirección hotel. Antes voy a NYC Burger y encargo una bien hecha. Todo muy bueno, excepto unos nachos que, de manera surrealista, pedí como acompañantes a los que puse diferentes salsas que hacen que arda mi boca. Todo controlado. Salgo y graniza. Recojo maletas y otra vez metro a Estación Central. Autobús de Finnair al Aeropuerto. Conductor a punto de cerrar y llego corriendo. En viaje, tengo gordo con piernas abiertas a mi lado y a un señor tratando, inútilmente, de tranquilizar a su hijo pequeño cantándole en inglés. Así media hora de viaje.
Control de seguridad más rápido de mi vida. Policías amables que te recuerdan que debes quitarte el cinturón y que no debes portar líquidos. Sonríen sin parecer falsos. Esto es otro ritmo. Ya estoy dentro. Aeropuerto muy estrecho, caos en algunas puertas donde se mezclan la gente que llega con la que se va. Los orientales dando gritos por los pasillos. Hago tiempo viendo tiendas con los típicos souvenirs de Finlandia y demás contenido habitual de Duty Free Shops.
Mientras veo cómo revisan, cargan y descargan mi avión de Finnair, detrás de un gran ventanal, escribo las últimas líneas de despedida de este breve exilio en Helsinki. No son suficientes nunca unos pocos días de exilio. Al fondo, varios aviones hacen cola para despegar entre las nubes que aseguran algo de lluvia. En breve de nuevo en el escenario habitual, Madrid.
Kiitos oikein paljon. Näkemiin Helsinki!

Más fotos de este exilio en Helsinki, aquí

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