11 abril 2014

Drive

Últimamente conducir es lo que más unía a Mr. Hun Shu y a su padre. A él le daba seguridad y autonomía y al padre le volvía a poner en conexión con su hijo, con sus virtudes y sus debilidades, y él se erigía como figura paterna instructora. 
Un día, después de comer con su familia en un restaurante portugués, Mr. Hun Shu conducía por unas calles a las afueras de la ciudad para ir a casa de su hermana. Su padre, en el asiento del copiloto, bromeaba con su sobrina, que iba en el asiento de atrás. Acababa de empezar la primavera, y hacía un calor que todavía no era asfixiante. Apenas había gente por la calle y una luz cálida brillaba encima de un terreno colonizado por pequeñas urbanizaciones y adosados ocasionales. 
Entonces tuvo una agradable y extraña sensación. Extraña por ser virtualmente conocida.
Quizás estaba todo en su imaginación.
Pero era como si hubiera vivido algo parecido antes, en otra vida paralela.
Estaba Mr. Hun Shu conduciendo un coche con un grupo de amigos, con 18 o 19 años, yendo por una carretera parecida. Atardecía en verano, con esa luz anaranjada y brillante, y se encontraban quizás cerca de la playa. Era así porque seguro que no estaban rodeados de grandes edificios ni había ese típico tráfico agobiante. No era la ciudad, definitivamente. 
Incluso tal vez fuera en otro país.
Entre ellos había risas y mucho vacile. Quizás iban a un concierto. A la fiesta en casa de un amigo. O a patinar por ahí. Alguien fumaba hierba, otro tenía un skate. Tal vez había una o dos chicas en ese coche. Oían hardcore melódico y punk rock. Mr Hun Shu conducía, paraba, arrancaba, aceleraba y podía sentir una cálida camaradería, con esa intensidad juvenil y sus ganas de devorar el mundo. 
Sentía vida. 
Una vida paralela a la suya. A aquellos 18 - 19 años que realmente vivió.
En alguna otra parte del pasado.
Náufrago en sí mismo. 
Mr. Hun Shu siguió conduciendo mientras su padre bromeaba con su sobrina. 
Era agradable y extraña esa sensación.


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