22 octubre 2011

Sueños

Me gusta la arquitectura anárquica e inmediata de los sueños y la aparente normalidad con la que se suceden las imágenes y situaciones. Últimamante tengo sueños muy vívidos, llenos de acción y de imágenes con las que disfrutaría viéndolas en una pantalla de cine. Lo mejor es que me encuentro dentro de momentos realmente absurdos, pero llenos de realidad. Como todos los sueños.

Hace unas semanas me perseguía la policía porque, después de que me declararan culpable por algo que no recuerdo, me fugué de los juzgados. El resto del sueño consistía en cómo me las arreglaba para adelantarme a todo lo que pudiera hacer la policía para encontrarme, sitios a los que supuestamente iría, mi rastro de compras con tarjeta, etc. Ayer mismo, por ejemplo, soñé que se acababa el mundo, y se reunían cientos de personas en una habitación de mi casa. Todo el mundo estaba pendiente del gran pepinazo destructivo, excepto un señor que, tranquilamente, seguía introduciendo unos datos en un ordenador. Luego vinieron las dudas sobre lo que nos iba a pasar, las ida de olla pensando en qué podríamos hacer para aprovechar lo que nos quedara de tiempo, pero claro, la gente no trabajaría ni haría nada. Total, todo se acabaría. Para qué me iba a ganar el sueldo yo. Bastaba con dejar unas cámaras grabando las calles desiertas y poner un hilo musical de fondo en la tele. Así que olvidaros de un crucero, un viaje paradisíaco, una gran comilona o ese Ferrari que siempre quisiste conducir. Quién coño movería un dedo sabiendo que en breve todo se iría a tomar por culo. El caso es que me di cuenta de una cosa: Sí, nos dijeron que se acababa el mundo, pero no dijeron CUÁNDO. Todos dimos por hecho, en ese sueño absurdo, que se acabaría esa misma noche. Pero no fue así. De todas formas, la idea existencialista de no hacer nada pensando en el "no-futuro" que nos esperaba, seguía presente, aunque afortunadamente, mis invitados fueron desalojando la habitación. Incluso el señor de los datos en el ordenador. 

El caso es que ayer, o esta noche, tuve un sueño la mar de cinéfilo. Sin saber por qué, me encontré en el metro a un antiguo profesor que tuve en la Facultad, y al que respetaba y respeto mucho. El hombre ahora sigue compaginando su labor docente con la política. Y es entonces cuando me lo encuentro en los tornos de una inmensa estación de metro repartiendo, literalmente, votos a la gente. Yo por simpatía le cogí unos votos y, sin venir a cuento, me encontré con él y otros compañeros suyos de partido en una especie de marcha nocturna por las calles. Como una procesión. Otro dato a tener en cuenta es que, en mis sueños, todo sucede en un intervalo de entre las 3 y las 6 de la mañana. Pese a la nocturnidad de esas horas, suele hacer sol, un sol como de eclipse parcial, con luz tenue. Sin apenas gente por la calle. El caso es que esta vez era de noche, y con una enorme luna llena brillando en el cielo e iluminando la ciudad y nuestra procesión. Entonces, me paro y veo que una nube va a atravesar la luna, justo por en medio. Todos nos paramos y miramos incrédulos lo que sucedía, ya que lo asociamos INMEDIATAMENTE con esta secuencia mítica de Un perro andaluz, del gran Luis Buñuel. Aquí el cortometraje completo:


Cuando esto sucedió todos aplaudimos emocionados. Entonces la luna desapareció y comenzaron a caer estellas fugaces por todo el cielo. La gente seguía caminando como si nada pero yo me di cuenta de un detalle. Siempre leí que antes de caer un gran meteorito, solía haber una lluvia de asteroides previa. Otra vez el fin del mundo, qué movida. De todas formas, seguí caminando. Y desperté.

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