14 julio 2011

Vámonos de marcha: Sesión remember (II)

Sigamos con mi ruta de la noche madrileña. Ahora nos centramos en locales donde frecuentaba en mi época universitaria (anterior, posterior, durante...). Uno no puede renegar de su pasado y, gracias a mis conversaciones "remember" con mi amigo Javier, le damos un aire excesivamente romántico a lugares y momentos que objetivamente son bastante cutres, pero que con el tiempo vemos con cierta benevolencia.

Tras los inicios en Navy, Morasol, Graf y los primeros andares malasañeros por el Nueva Visión y La Vía Láctea (ayer estuve, por enésima vez, y mira que llevo años…) vino la época botellonera por la plaza de Tribunal y, tras un parón de dos años, volví a deambular, minis en mano, por diferentes zonas hasta acabar en la mítica y ahora denostada, olvidada y desahuciada zona de Alonso Martínez, en concreto su epicentro de la calle Campoamor. Pero vamos por partes, o por zonas, mejor.

- LA TROUPE: En la calle Trafalgar, 15, fue (y ocasionalmente es) nuestro punto de reunión para un grupo de amigos durante casi diez años. Nunca lo he visto lleno, pese a situación, decoración metálica, amplia y cómoda zona del fondo con gran pantalla de televisión. Con las consumiciones puedes devorar los bowls repletos de patatas y ganchitos que van rellenando con frecuencia. Música según el día más o menos interesante, tirando hacia el pop más comercial. Camareras siempre simpáticas. Es el sitio indicado para tomar la primera y poder hablar con tus amigos sin mucha gente alrededor. Tienen un futbolín donde más de una vez nos jugamos alguna consumición. Lo conocimos cuando íbamos al Rajaja, otro sitio mítico que estaba justo enfrente de La Troupe. Actualmente este local es un sitio de tapas, mientras que La Troupe sigue resistiendo pese a la decadencia de una zona que se va alejando cada vez más de los mejores años.
Destacaría de la zona de Bilbao, Zarabanda, Ke Disparate, el Long John Silver (y sus numerosos cambios de nombre en esa sala estrecha a más no poder), y el Ruta 99, garito macarra, desfasado, itinerante, peligroso y contradictorio a partes iguales, pero siempre mítico. Seguro que en algún rincón de otro local encuentro una anécdota digna de mención, pero ahora no caigo. Ah, sí, joder, el Cherokee, con esos listados interminables de chupitos. Tengo una noche loca allí, hace mil años, con 12 chupitos (que yo recuerde) y un poster de condones en un cumpleaños de Jaime. Si un día me veis, tiradme de la lengua y os contaré qué pasó.

- ALONSO MARTÍNEZ: Sí amigos, llegó el momento de descubrirse. Durante años frecuenté esa zona, esos bares, esas calles y toreé algunos coches cuando era el epicentro de la noche popular madrileña (con permiso del ghetto de los bajos de Argüelles y Moncloa). Hoy podría mostraros el vacío, físico y emocional de la calle Campoamor, en un barrio precioso y muy revalorizado que dudo que eche de menos los gritos, las peleas, la música y las risas que cada fin de semana formaban su particular banda sonora.
No me gustaba mucho el 88.2, pero sí que frecuenté el otro local de sus dueños, el mítico Dial. Tras una barra en la entrada, al fondo te encontrabas una pista de baile a la vieja usanza, separada de la barra, decorada con espejos en las paredes. En las noches con más gente, abrían otras salas al fondo, un poco laberínticas. La música que ponían era el dance pop habitual de finales de los 90 y principios del siglo XXI. No fallaba, dentro de la procesión de ir por Alonso, caer por el Dial. Sé que no fue el mejor garito del mundo, pero el verlo abandonado ahora, no puedo evitar acordarme de algunos momentos vividos (y abandonados también) allí. Pero eso sí, sin la más minima sensación de nostalgia.
Otro sitio, aparte de Autores (donde sí que había en sus mejores años buena música y buen ambiente, sobre todo en sus catacumbas) que visitamos en su día bastante a menudo fue Noches de Eclipse. Lo vimos nacer, crecer y degenerarse en muy poco tiempo. La música era buena, pero no estaba muy alta. Tenía un aire oscuro y siniestro que lo hacía bastante sofisticado e intimista, y se refugiaban rara avis de la zona. Había una barra en forma de cuadrado al fondo a la derecha y luego otra pequeña barra en otro pasillo junto a los baños, más escondida. Luego con los años fue degenerando (de ambiente, música y estilo) y actualmente, como sucede con otros muchos locales de la época, se encuentra en silencio, cerrado y abandonado, en la calle Regueros. Por suerte todavía queda vivo en esa calle un local muy interesante, El búho real, donde dan conciertos, buena música en general, te puedes sentar a tomar algo y ser afortunado si sacas una bola de un saco que te permite no pagar tu consumición esa noche.

- MALASAÑA: Cómo no, destacaría de esta época el Al’ Laboratorio, donde vi el primer concierto de Lastrick, los míticos locales de la Plaza de San Ildefonso, el Alifanfarón y el Grial (buenos recuerdos, gran sala con ladrillos en la parte de abajo, como si de una bodega se tratase, música rockera de calidad), el Motherfucker, el Mago, el Mercurio (Por aquí a veces caigo hoy. Excelente rock.) y la sala Maravillas (Ahora sala Nasti, uno de los sitios a los que voy actualmente. Sencillamente, es sinónimo de buena calidad gracias al tabajo de Chema García. Es historia viva de Malasaña, imprescindible) Recuerdo especial para Kike Turmix, al que vi pinchar grandes sesiones de música de la buena en el No Fun o en La Huevería. Mención aparte está el Morgenstern, cuyos dueños se mudaron hace años a una sala muy buena, el Wurlitzer Ballroom, de la que hablaré en el próximo post "marchoso". Quién no recuerda los consejos en la puerta del jefe (“las copas se quedan dentro, nada de drogas, etc.”) y siempre al límite con el tema de horarios. Ahí ponían la mejor música de Malasaña.

Se me quedan en el tintero sitios, anécdotas y mil historias de decenas de locales (Aquella noche para el olvido - o el recuerdo - en la Consulado, el Lenny, el humo del Marx Madera, el bar semi clandestino de un hotel, Oh! y autobuses Llorente, el Pepitas, El Down, El Bocaccio a los 15, el Dreams en el 98, etc.) pero como se suele decir, esas son otras historias. En la próxima entrada de vámonos de marcha repasaremos mi actual vida nocturna madrileña.

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