17 julio 2011

Inocencia

"They told me, when I was little
I'd go to Heaven, if I was good"
De una canción de Melanie Safka, sampleada por KNO en este tema.


INOCENCIA

Braulio tenía cara de buen chico. Con sus ojos azules, su pelo rubio, los rizos y esa sonrisa cristalina en la cara, era el niño más guapo haciendo su Primera Comunión. Pensaba que Dios sabía que él hacía cosas buena en esta vida y que al morir le dejaría estar a su lado. Los curas del cole decían que Dios oía y veía todo, y que en el Juicio Final se acordaría de cada acción de nuestra vida. Braulio odiaba los domingos, sobre todo cuando llovía. A papá no le gustaba el olor de la comida de Mofli, el pequeño galápago que tenían junto a la tele del salón. Decía que olía a mierda y que, por lo tanto, la cena olía a mierda, también.

Cuando viajaba en avión, Braulio pensaba que podría encontrar a sus abuelos en el cielo, flotando sobre las nubes que cubrían la tierra al anochecer. Nunca les pudo ver. El Cielo era aquel sitio a donde irían los niños que tuvieran un buen corazón. El quería tener buen corazón, pero odiaba esos rizos. Siempre que podía se alisaba el pelo con agua antes de coger la ruta. También le hubiera gustado tener los ojos oscuros, ser más alto y tener cara de malo. Así nadie vendría a robarle la bicicleta en la plaza. No le quitarían las croquetas en el comedor del colegio. Podría jugar al fútbol con el resto de compañeros de clase. Tendría más amigos. Pero la gente mala iría al infierno, como le repetían los curas.

Braulio podía estar minutos viendo a Mofli. Sus ojos saltones que parpadeaban muy despacio, la diminuta boca que abría para coger la comida que dejaba en el agua, el color y la dureza de su caparazón, etcétera. Papá un día se enfadó mucho cuando le regañó por una tontería y se tapó los oídos con los dedos. Le cogió de un brazo y gritándole con voz chillona le dio una bofetada. Luego en el cuarto de baño le pidió perdón y se dieron un abrazo. No quiso llorar después de aquello. Llorar es para los débiles, le dijeron en clase. Sólo los maricas y las niñas lloran. Mofli nunca lloraba.

Una tarde de domingo papá leía un libro en su habitación y mamá jugaba a las cartas con la tía Laura en el piso de arriba. Braulio cogió un compás del estuche Pelikán y una Diverti-regla y se dirigió hasta el terrario donde Mofli nadaba tranquilo entre su comida que olía a mierda. Durante unos minutos vigiló sus escasos movimientos, y le acercó un poco de comida con un dedo, intentando que Mofli estirará su cuello. Con la Diverti-regla evitó que escondiera la cabeza y con el compás consiguió clavarle la aguja encima de la cabeza repetidas veces. El pequeño galápago abrió la boca y movió las patitas en silencio. Sacó su lengua de punta y cerró los ojos lentamente, agotado. Un pequeño hilo de sangre corrió por el agua del terrario. El corazón de Braulio latía con fuerza, como si hubiera realizando un ejercicio muy duro de gimnasia. Apenas podía contener el aire al respirar y le temblaban las manos. Pensó en lo absurdo que era que un animal tan pequeño luchara tanto por su inútil vida.

Al cabo de unos minutos vino papá al salón y vio a Braulio junto al terrario. Dijo que Mofli ya no se movía. Que se lo encontró así. Papá se acercó, cogió lentamente al galápago y se lo llevó al baño. Llenó de agua el bidet y colocó a Mofli, que flotaba inerte con la boca semiabierta. Papá miró asustado a su hijo mientras éste miraba con los ojos enrojecidos al galápago. Braulio sintió algo extraño en su cuerpo, como si hubiera atravesado un matorral lleno de espinas del que no podía retroceder. Corrió a su cuarto, abrió la ventana y tiró a la calle la Diverti-regla y el compás. Llovía y los coches hacían ese sonido tan peculiar al pasar por el asfalto mojado.

Odiaba los domingos.

Ya no olería la cena a mierda nunca más.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

2 comentarios:

Ana Pepinillo dijo...

Yo también odio los domingos.Me gustó mucho el relato.

Jesús Elorriaga dijo...

Gracias, Ana! Te sigo, incluso los domingos :D