02 junio 2011

Escribir frío


- Ojalá pudiera escribir frío como tú. A mí me afecta todo, como las nubes de hoy, por ejemplo. Siento un pánico a que se abra un agujero en el cielo y me engulla. Fiuppp! Así, como un oso hormiguero. Al ser tan pequeña creo que ese miedo se me agarra más fuerte a los músculos. Y luego se nota en el escenario, no lo creas. Me siento más insegura, las piernas me tiemblan y luego no me salen los movimientos planeados. ¿Te parece que tengo poco pecho? ¿Te gusta el nuevo peinado que me he hecho? Era el favorito de Jack. Tú no le conoces, trabajaba en otro estado. Una pelea le dejó destrozado el ojo derecho y fue cuando empezó a ser violento conmigo. Pero tú eres diferente. Tus nudillos todavía no están cubiertos de costras. Mira, puedo cogerte esos dedazos que tienes y dejar que me acaricien la piel. ¿Te gusta? Tengo que retomar mi diario y ponerme a escribir en serio, pero cuando llego por la noche tengo tantas ganas de dormir que no puedo ni agarrar un boli. Bailar exige mucha concentración y esfuerzo. Y que no se te escape ningún billete del tanga también. Los clientes suelen ser respetuosos. Siempre hay alguno que me llama “Enana”, “Monstruo”, “Piltrafilla”, pero Julien se encarga de echarles por las buenas o por las malas. Si por mí fuera, les metería en un cubo de basura bien lleno de mierda y los tiraría rodando cuesta abajo. Algún día conseguiré dinero suficiente para largarnos de este lugar. Y yo no bailaré para nadie más que para ti. Y tú dejarás de destrozarte las manos en esas peleas ilegales. Y podrás escribir mucho, tendrás todo el tiempo del mundo para hacerlo. Y me leerás tus cuentos y yo te escucharé embelesada. Como aquellos poemas que me dabas en nuestras primeras citas, o como el cuento que me regalaste en mi último cumpleaños, o aquel que me leíste cuando me quitaron el apéndice y me pasé toda aquella noche en el hospital. Tenía tanto miedo ¿recuerdas? Pero apareciste tú y me sentí mejor. Me lo leíste al oído, con tu vozarrón a punto de romperse al intentar susurrármelo para que los viejos que teníamos en la habitación no te oyeran. Cogiéndome de la mano mientras afuera caía una tormenta de granizo. Otra más, sí. Por qué me afectarán tanto esas chorradas. Ya lo sé, son chorradas de una niñata que sólo sabe bailar en ese escenario, moviendo el culo y las tetas para unos salidos. Pero no lo puedo evitar. Escribo y se me saltan las lágrimas. A veces pienso que este mundo es demasiado grande para mí. Muy cruel. Injusto. Y que sólo te tengo a ti. Y que si algún día, en una de tus estúpidas peleas, alguno de esos malditos enanos perdedores te matara… no sé qué sería de mí. Mira, ¿ves? Sólo de pensarlo ya me entra la llorera. Ojalá pudiera escribir frío como tú.
- El problema es que hablas demasiado.
Martín se acercó a ella y le puso en brazo encima de los hombros.
- Eres la mejor bailarina del mundo. Y yo apenas puedo agarrar un jodido bolígrafo sin que se me resbale de mis manos.
- A mí me gusta tu estilo –dijo Carol.- Por eso te quiero sólo a ti.
- Por qué no bailas un rato para mí. Quiero ver cómo te mueves. He tenido una tarde muy dura ahí dentro.
- Está bien, pequeñito. Pero tienes que prometerme que escribirás más y pelearás menos.
- Ya estás hablando demasiado otra vez.
- Lo siento.
- Baila como tu sabes, anda.
Y Carol se levantó y en el callejón improvisó un baile bajo la luz de una noche de tormenta.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

7 comentarios:

Lamardestrellas dijo...

Esta vez me has impresionado. Hay muchas cosas en este cuento, y los sentimientos que despierta también son muchos, y muy distintos. Desde luego, no deja indiferente. Sabes mirar más allá...

Towanda dijo...

A mí también me afecta todo y no sé mantener la cabeza fría cuando las cosas me duelen.
Un abrazo.

Jesús Elorriaga dijo...

Lamar, muchas gracias. A mí sí que me gusta tu forma de ver los detalles de tu vida.
Towanda, es imposible ser frío si algo te duele. Y las nubes, a veces, tampoco son de gran ayuda. Un abrazo!

S. Raló dijo...

Yo te comento pero no te digo nada.
Ni falta que hace.

Ana Pepinillo dijo...

me gusta la gente que se implica, así le corre la sangre por las venas para bien o para mal.

besos

trilceunlugar dijo...

Que bonito señor refitolero. Me ha encantado.

Jesús Elorriaga dijo...

Ana, totalmente de acuerdo. Nada como sentir ese movimiento. Besos
Trilce, gracias. Usted si que tiene arte con las letras.