19 abril 2011

CAZADORA DE MOSQUITOS


Isabel cazaba mosquitos con sus zapatillas de andar por casa y Alex se ponía detrás de ella para que le protegiera. Ella era pequeña, diminuta, con cuerpo de niña, pero tenía una voz poderosa que amedrentaba a cualquiera que osara detenerla. Él tenía las manos grandes, un cuello duro y un cuerpo agigantado que abrazaba con ternura a Isabel en la cama como si fuera una almohada blanda. A los dos no les temblaba el pulso cuando apuntaban con sus escopetas a empleados de bancos, farmacias, casas de apuestas y joyerías que atracaban.

La gente decía que eran peligrosos. Imparables en la carretera. Crueles con los que ofrecían resistencia. A ellos, en cambio, les gustaba pensar que formaban un equipo sólido. Él, fuerte y tranquilo. Ella, valiente y habilidosa. Se sentían vulnerables en un mundo que consideraban cruel y desproporcionado. Por eso les unía un amor indestructible que les protegía mezclando pasión y aventuras en idénticas cantidades. Lo que fuera necesario con tal de sentirse vivos. Poderosos. Juntos volaban por encima de los posos de cotidianeidad entre persecuciones y disparos. Cada día podía ser el último y el corazón, a veces, les latía con tanta fuerza que ensordecía el amenazador ruido del peligro que siempre les acosaba.

En los momentos de calma, imaginaban el lugar donde se retirarían cuando ese estilo de vida dejara de interesarles. Recorrerían la distancia que les separaba de la interminable Asía, atravesarían la cordillera del Himalaya y llegarían hasta Mongolia. Allí vivirían en yurtas, cazarían osos y observarían aliviados con unos prismáticos el mundo que dejaron atrás. Tendrían tiempo de sobra para soñar despiertos sin pensar en cómo sobrevivir.

Ahora los dos se encuentran separados en cárceles distintas. Algo falló en su último atraco y la condena fue ejemplar. Apenas pueden comunicarse, sólo mediante breves mensajes cada semana. El tiempo pasa delante de sus ojos como cortinas de lluvia ralentizada. Alex es incapaz de salir de su celda. Se siente demasiado vulnerable en este mundo cruel y desproporcionado sin poder abrazar el cuerpo almohada de Isabel. Caminar por los fríos pasillos y deambular por el patio no tiene sentido sin ella. Respirar tampoco. Ahora quién cazará esos temerosos mosquitos que no le dejan dormir por las noches.

(c) 2011 Jesús Elorriaga


Ahora escucha esto:

http://www.goear.com/listen/2e0790c/the-lighthouse-interpol


It's the place that's said to break
It's just as safe from the outside tonight

And I want that

I face the storms at the tides
From the lighthouse

And I want that
Unleash the storm and the night

What do the waves have to say now?
What do the waves have to say now? Slow now
And let the waves have their way now
Slow, and let the waves have their day
And I want that
Here I've been living on roofs made from sin
Upward and outward, "Begin, begin."
Here I've been lucid I'm living within
Inwardly urgent, I'm sinking again
The Lighthouse


4 comentarios:

Ana Pepinillo dijo...

Ohhh me encantó, felicidades!!! Buenísimo. en serio.

Jesús Elorriaga dijo...

Muchas gracias Ana! Un beso.

S. Raló dijo...

Oh, oh, oh, cueeeeento :)
Veo que mi parloteo hace efecto en tí.

Nanana, me gustó. Veo que existe más gente en el mundo que asesina mosquitos con las zapatillas de estar por casa ;)

(Sabes que no lo leí antes por mi la orden de alejamiento que tengo impuesta a un ordenador con internet cuando estoy en tierras granaínas...)

Arrivé, por cierto.

Jesús Elorriaga dijo...

Yes, hace efecto, como ves ;-)
Hay un numeroso grupo de artesanos que cazáis mosquitos con zapatillas, aunque yo uso un cacharro ultrasonidos que funciona cuando quiere que pillé barato en el MediaMarkt.
Welcome to the jungle, S.
Sube minicuentos de los tuyos
1beso