13 julio 2010

Campeones









Han sido muchos años deseando este momento.

Recuerdo el Mundial 82, un par de shows en la tele, el niño abriendo el balón con la paloma. El resto, un fracaso. Lopez Ufarte diciéndole a Juanito, "ahora lo tiras tú", y éste marcó el penalty que erró el de la Real. Luego en el 83 daba golpes en la mesa con mi padre a cada gol ante Malta. En el salón estaba encendida aquella lámpara en forma de tronco, que daba una luz tenue junto al televisor. Jose Angel de la Casa se desgañitó con el gol de Señor.



Meses después llegó el gol de Maceda en el 84 y la triste final del europeo de Francia. En México 86 ya coleccionaba los cromos de Panini, y escupí a los belgas cuando nos eliminaron en los penalties. Estaba tan cerca... Noches atrás me despertaron los pitos de los coches tras los cuatro goles del Buitre ante Dinamarca. De repente, todo el mundo empezó a hablar de nosotros. Poco nos duró la aventura. Maradona se encumbró y Burruchaga marcó por debajo de las piernas a Schummmaker tras una gran galopada en aquella final ante Alemania. Todos quisimos ser él. Ganadores.

Luego salté a Italia 90. "El mundo gira entorno a un balón", titulaba el ABC en su portada. Salieron muchos vídeos de mundiales. En la revista Tiempo regalaron uno que habré visto cien veces. Todavía guardo como el oro ese VHS. Narrado por Joaquín Prat, repasaban la historia de los mundiales desde Inglaterra 66 hasta México 86. En toda la película no salía ni una sola imágen de España. Creo que sólo un gol de Irlanda del norte a Arconada. Estaban Eusebio y Charlton en el 66, Pelé, Müller y Riva en el 70, Beckembauer y Cruyff en el 74, Kempes en el 78, Zico y Rossi en el 82, Lineker y Maradona en el 86. Ni un sólo jugador español. Ya empezaba a formar parte del paisaje futbolístico. Aún así seguíamos coleccionando cromos de Panini.

Michel marcó tres goles a Corea y su "me lo merezco" todavía me viene a la cabeza. Alguna vez lo he gritado al marcar un gol en el colegio. O en el PC Fútbol, años después. Entonces , en el 90, todavía tenía el Amstrad CPC 6128. Jugaba al Italia 90, al Michel, al MatchDay 2, al Gazza, al KickOff. Era fácil ganar un mundial. Al menos, era posible hacerlo con tu equipo. La tarde que Stoijkovic eliminó a España lloré en el hall de aquella casa de Conde de Xiquena, Madrid.

En el 92 no nos clasificamos para la Eurocopa tras perder en casa ante Francia y la República Checa, pero ganamos el oro en las inolvidables olimpiadas de Barcelona. Yo estuve en el Camp Nou, tras uno de los fondos, siendo testigo de aquella hazaña. El último gol de Kiko fue apoteósico, pero a la vez sirvió para reafirmar que allí había, al fin, una nueva generación más competitiva, con más ambición, con más técnica. Un aire internacional, moderno y revelador nos prometía nuevos triunfos.

Llegó EEUU en el 94, con Guerrero y Caminero en estado de gracia, y con la ausencia de Alfonso por lesión. Tras las dudas ante Corea, llegó el golazo de Goicoechea ante Alemania. Luego el paseo ante Suiza y después Italia. Ese partido lo vi en casa de mi amigo Javier. El fallo de Julio Salinas y el acierto de los dos Baggio (Roberto y Dino) nos mandaron para casa. El puñetazo de Tassotti a Luis Enrique, su cara empañada de sangre y su rabia me dejó lleno de frustración en el camino en autobús hasta mi casa. Otra vez...

En la Euro 96 jugamos como nunca ante Inglaterra y perdimos como siempre. Otra vez cuartos, otra vez penalties. Miraba en mis Don Balón que se apilaban en las estanterías a todos los jugadores, a las estrellas, los triunfos internacionales de otras selecciones y pensaba que nunca podríamos tener una generación igual. En la radio, De la Morena nos recordaba el fracaso de una de las mejores generaciones de la historia. ¿Exisitría alguna capaz de lograr algun triunfo?.

Volvió el mundial, en Francia, en el 98. En mi primer trabajo, becario en un teletexto, disfrutando de poder ganar pasta trabajando "de lo mío" vi las lágrimas de Kiko y Morientes tas el 6 - 1 inútil ante Bulgaria. Nos fuimos a casa y dejó de interesarme ese mundial hasta la final, donde Zidane se coronó como rey del futbol. En el 2000 tras la remontada ante Yugoslavia, aquel mítico 4-3 agónico de Alfonso, nos dio alas para enfrentarnos a la campeona del mundo. Pero la magia de Zizou y el penalty de Raúl nos dejó fuera. Lo ví en La Borda, con mis amigos. Javi L dio una patada a la puerta del local y el portero le llamó la atención. Nos reímos mucho con eso luego, pues la decepción ya parecía ser algo habitual. No dolió tanto. Siempre nos quedaba la Liga, los triunfos en la Champions... otros ganarían y nosotros perderíamos.

Escribiendo estas lineas sólo veo una crónica de fracasos y lo mejor, o peor, es que todavía no he terminado. En este tiempo salían grandes jugadores, conseguían triunfos en Europa, reconocimiento internacional. El fútbol empezaba a cambiar y a globalizarse. Las camisetas se vendían más, los programas de televisión se multiplicaban, Don Balón dejó de ser la única revista de fútbol en el kiosko, los futbolistas hacían anuncios increíbles para Nike, la gente, fuera de España, hablaba de Guardiola, Raúl, Mendieta, Morientes, Luis Enrique, Cañizares...

Llegó Corea/Japón en el 2002 y empezamos ganando y goleando, lo nunca visto. Daba muy buenas vibraciones. Incluso pasamos una ronda de penalties, ante Irlanda, con un gran Casillas parándolo todo. Corea del Sur iba a ser un plato ligero pero llegó aquel árbitro patético que nos dejó fuera. Es cierto que podríamos haber logrado crear más ocasiones, pero las mismas ventajas de la suerte hoy en día, nos dejaban de lado antes. La rabia de Helguera ante el árbitro al final del partido era la mía. Di patadas a un sofá que casi me rompen un pie. Apenas pude comer ese día y por la tarde fuimos al cumpleaños de Luis y allí nos relajamos y aprendimos a vivir con equidistancia el sino del fútbol español. Esa ilusión cada vez se oxidaba más y apenas nos dabamos cuenta de aquello.

La vida seguía y tras varios tumbos ese año y el siguiente, el determinante 2003, llegó 2004, vitalmente me preparaba para un renacer pero tras la eliminación a las primeras en la Euro de Portugal, asumías sin complejos que la vida seguía igual. Nos consolaba el FIFA 04. Al menos el premio de ser campeones virtuales te hacía seguir soñando, aunque una cosa como Grecia y su forma de entender el fútbol hiciera vernos la realidad futbolística como un lugar árido y sin vida.

El Mundial de Alemania 2006 supuso un cambio de rumbo definitivo. Se jugaba bien, muy bien, al toque, se llenaba la pantalla del televisor de vida y esperanza. De color y armonía por el buen juego. No era furia, era un estilo propio, basado en cuidar el balón, crear jugadas tal y como las hacíamos en el FIFA de turno y ganar. Lástima de aquella amarga derrota ante Francia. Sobre todo el careto de la prensa española al menospreciar a los franceses, haciéndoles ver que eran un grupo de acabados. Fue otra decepción, ya no tan dolorosa como las anteriores pues la piel se iba haciendo más dura y, por otro lado, se podía intuir una luz que nos diferenciaba de las demás selecciones.

Entonces llegó el 2008 y la Eurocopa. Apenas se sufrió salvo con Italia y demostraron que se podía ser campeón de Europa con buen fútbol y con las necesarias dosis de suerte de un campeón. El deporte rey era un fenómeno mundial en una sociedad conectada por Internet y las nuevas tecnologías. Fábregas y Torres triunfaban en Inglaterra, salían jugadores nuestros en las portadas de diarios extranjeros. El mundo se rendía a nuestros pies.

Y, por fín, el Mundial de 2010. Un número redondo. Yo decía en fin de año que iba a ser el año que veríamos campeones del mundo a España, aunque medio país estuviera en el paro y no salieramos de nuestras crisis. No me equivoqué. Igual en lo del paro exageré, ya.

Aquí, ahora. En León. En mi exilio agonizante. En estos últimos resortes de esperanza laboral, y ligeramente perdido en mi enésimo intento de afianzarme como ejecutor de mis sueños y mis proyectos, contemplo orgulloso el triunfo de una selección que se merece todos los premios del mundo. Es un ejemplo no sólo de juego sino de actitud. El fútbol es un deporte de equipo. El mundo es un trabajo en equipo la mayoría de las veces. Tener buenos ejemplos de equipos nos hace aplicarlos a nuestros quehaceres diarios, más allá del fútbol. Además, el deporte es un ejemplo de superación, de esfuerzo, de salud, al margen del marketing, de los intereses de despachos, de los grupos violentos, de las aficiones que gritan, que pitan o que aplauden cuando y como quieren. Al margen, sobre todo, de los periodistas, los dirigentes, los gañanes de turno, los fanáticos, los políticos o los que intentan politizar el deporte.

El deporte une más que la política, afortunadamente. El deporte no tiene dueño y todos podemos sentirnos orgulloso de los triunfos, hacerlos nuestros, que nos sirva de motivación personal para nuestras vidas, también de analgésico, por qué no. Una buena película, un libro, un momento con seres queridos puede ser todo aquello que he nombrado. Y es que todo se complementa porque la vida no circula en un único carril. Por eso ver a tanta gente unida por algo positivo, por una fiesta, de manera sana, sufrida sí, pero justa y merecida, es algo que nos debería hacernos sentir bien, nos guste o no el deporte. O el fútbol.

Después de tantos años mirando el suelo, es bueno contemplar el horizonte. Ahora, en estos días donde tengo que recomponer mi vida para seguir adelante, intento minimizar mi vacío y sacar energías de todas partes. Saber que una selección como la que ha ganado este pasado mundial, con toda su historia de decepciones, una selección que representa el lugar que, por suerte o por desgracia, me ha visto nacer y crecer, me hace sentirme bien, sin duda.

Consigue sacar dentro de mi al chaval que coleccionaba cromos Panini, que jugaba con latas y balones usados en el patio, que veía en vídeo los triunfos de otras selecciones y ganaba al ordenador con el PC Futbol. Saca la ilusión que guardaba bajo la capa de dureza y oxidación y la pone frente a frente con un rostro lleno de incertidumbre ante el espejo. Pero que se siente, de verdad, emocionado por ese triunfo mundial.

1 comentario:

Lamardestrellas dijo...

Jesús, hacía mucho que no te leía y he de decir que me ha encantado (y emocionado) esta entrada. ¡Gracias por compartirla! Espero que en León te vaya mejor que lo que describes como un "exilio agonizante". Y si no, piensa que siempre te quedará Madrid :) ¡Buena suerte!