03 septiembre 2009

La vida loca

Han asesinado a tiros al fotógrafo hispano francés Christian Poveda. Vivía desde hacía tres años en El Salvador, donde realizó un documental sobre las "maras", bandas criminales de centroamérica, titulado "La vida loca". Actualmente se puede ver en Canal Plus y ha sido difundido por otros países en Europa y América. Durante 16 meses grabó y convivió con estas maras, y en el documental se puede ver con gran realismo y crudeza la cotidianeidad de estas bandas criminales, en concreto de "La Dieciocho".

En este blog se puede leer el siguiente párrafo de una entrevista a Christian donde habla del documental y hace una reflexión sobre el modus vivendi de estas maras y de sus integrantes. En concreto de sus valores morales, que se pueden extrapolar a otro tipo de personas en cualquier lugar del mundo. La raíz del mal.

"¿Qué es la vida para un Dieciocho o un Trece? Poveda no pudo contestarme esta pregunta directamente. A cambio, me ofreció una serie de hechos y datos que son necesarios y dan luz, en abundancia para elaborar un bosquejo de la respuesta. Por ejemplo, comentó que la mayoría de los mareros se inician a una edad temprana alrededor de los trece y quince 15 años; que son niños criados por un solo padre y en muchos casos maltratados; crecen con graves carencias económicas, con prácticamente nulas posibilidades de recibir educación formal, etcetera. Todo esto tiene una conexión innegable: lo que es la vida para uno, tiene que ver con lo que en sí, es la experiencia de la vida y no ya solo el concepto que se nos ha ofrecido. Con lo que nuestro entorno y por tanto nuestra sociedad posibilita. Sobre todo, lo que es la vida para uno, determina el valor que le asignamos a ésta. Por tanto, también el grado de disposición a perderla y quitarla a otra persona. Si el panorama de vida propio es asolador, si nos hace pensar como Buñuel en Los Olvidados “ojalá los mataran a todos antes de nacer”; si la vida no puede, en un sentido amplio, ofrecernos nada, el valor que le asignaremos muy probablemente será tan bajo que elegiremos seguramente la ganancia de aceptación dentro de un grupo o de placer inmediato (que puede proporcionar el acto de delinquir o drogarse o los frutos que estas acciones puedan arrojar) a elongar nuestro vivir. Y por tanto, si esta pobre noción se extiende a los demás individuos, no resultara difícil o culposo el quitarle la vida a otro, porque después de todo, “también es un desgraciado como nosotros”.

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