22 enero 2008

Garrincha

Garrincha

Alguno de sus muchos hermanos lo bautizó Garrincha, que es el nombre de un
pajarito inútil y feo. Cuando empezó a jugar al fútbol, los médicos le hicieron la cruz: diagnosticaron que nunca llegaría a ser un deportista este anormal, este pobre resto del hambre y de la poliomelitis, burro y cojo, con un cerebro infantil, una columna vertebral hecha una S y las dos piernas torcidas para el mismo lado...

Nunca hubo un puntero derecho como él. En el Mundial del 58, fue
el mejor en su puesto. En el Mundial del 62, el mejor jugador del campeonato. Pero a lo largo de sus años en las canchas, Garrincha fue más: él fue el hombre que dio más alegría en toda la historia del fútbol.

Cuando él estaba allí, el campo de juego era un picadero de circo; la pelota, un bicho amaestrado; el partido,
una invitación a la fiesta. Garrincha no se dejaba sacar la pelota, niño defendiendo su mascota, y la pelota y él cometían diabluras que mataban de risa a la gente: él saltaba sobre ella, ella brincaba sobre él, ella se escondía, él se escapaba, ella lo corría. En el camino, los rivales se chocaban entre sí, se enredaban las piernas, se mareaban, caían sentados.

Garrincha ejercía sus picardías de malandro a la orilla de la cancha, sobre el borde derecho, lejos del centro: criado en los suburbios, en los suburbios jugaba. Jugaba para un club llamado Botafogo, que significa prendefuego, y ése era él: el "botafogo" que encendía los estadios, loco por el aguardiente y por todo lo ardiente, el que huía de las concentraciones, escapándose por la ventana, porque desde los lejanos andurriales,
lo llamaba alguna pelota que pedía ser jugada, alguna música que exigía ser bailada, alguna mujer que quería ser besada.

¿Un ganador? Un perdedor con buena suerte. Y la buena suerte no dura. Bien dicen en Brasil que si la mierda tuviera valor, los pobres nacerían sin culo. Garrincha murió de su muerte: pobre, borracho y solo.

Texto: Eduardo Galeano


04 enero 2008

Pensamiento crítico


Esto es un extracto de un artículo de Pablo Gamborino en el último número del Esceptico Digital. Suena bien.

¿Qué es pensamiento crítico?

Por principio de cuentas definiré lo que es el pensamiento crítico. Puede decirse que consiste en no tomar nuestras percepciones (y las de los demás) como verdades absolutas. Imaginemos que nos encontramos en la calle con un par de hombre que platican en voz alta y escuchamos que uno de ellos expresa con un tono suficientemente autoritario: "La culpa del deterioro en nuestra economía es del mal gobierno". No es difícil escuchar sentencias como la anterior en nuestros días, en nuestras calles, en nuestros trabajos y en muchos lugares públicos y privados, en momentos oportunos e inoportunos por igual.

Ante la exposición a las anteriores palabras podremos adoptar muchas posturas, pero en forma básica podremos estar o no estar de acuerdo, o bien ignorar en nuestra mente esta disyuntiva y abandonar cualquier pensamiento posterior al respecto. El pensamiento crítico será el que nos lleve a cuestionar internamente la validez de lo escuchado y, quizá después de un breve análisis, a inclinarnos por estar o no de acuerdo (incluso a cuestionarnos si no pasamos por alto algún detalle, si hemos escuchado con exactitud lo que se dijo). El pensamiento acrítico (opuesto al crítico) nos llevará a sustituir ese cuestionamiento interno por una serie de argumentos y justificaciones que llevará a nuestra mente a pensar en otras cosas y a abrazarnos en un estado de conformismo.

L. Mertes, destacado educador estadounidense, define al pensamiento crítico como "…un proceso consciente y deliberado que se utiliza para interpretar o evaluar información y experiencias con un conjunto de actitudes y habilidades que guían las afirmaciones fundamentadas y las acciones". Y Robert H Ennis, destacado miembro de la Sociedad de la Filosofía de la Educación, afirma que es "pensamiento reflexivo y razonado enfocado para decidir que creer o hacer". Por lo tanto podremos decir que el pensamiento crítico es la voluntad racional para someter aquello que percibimos a una serie de procesos mentales de análisis y cuestionamiento con el objeto de establecer un juicio sobre su validez. En pocas palabras, es preguntarnos con relación a lo que hemos percibido ¿es válido, es verdadero, es lo único que hay? Y buscar un poco más para encontrar la respuesta. Nótese que he insistido en "lo que hemos percibido" antes que en "lo que ha sucedido", pues el pensamiento crítico debiera aplicarse, en primera instancia, a nosotros mismos, con el propósito de evitar sesgos de percepción y errores de juicio. Una vez resuelto el problema interno de la percepción, el pensamiento crítico debiera enfocarse hacia las fuentes externas de aquello que percibimos, para resolver la cuestión del "qué ha sucedido".