20 octubre 2008

Principio de oxidación

Gracias a Trilce por su repaso y corrección.


PRINCIPIO DE OXIDACIÓN



El día en que terminé de leer mi primer libro mis padres dieron cuenta de ello al Registro Central de Actividades Cotidianas. Al igual que la primera vez que comí una cucharada de papilla y dije una palabra correctamente. A los funcionarios de la Administración les sorprendió. Un niño de tan sólo cinco años había terminado un libro en menos de una semana. Lo normal era comenzar a leer uno o dos años más tarde. “Vida de una bicicleta” se titulaba.


La historia comenzaba con la invención de la bicicleta por parte de un diseñador industrial del Ministerio de Transporte. Además, narraba aspectos de su vida cotidiana: cómo comenzó a pedalear, los continuos cambios de marcha, el cuidado de los frenos, las mejoras en la mecánica y los posteriores síntomas de oxidación. Una vieja y desgastada bicicleta terminaba sus días abandonada en un recinto del departamento de Reciclaje de Objetos Inútiles, ese era el final.


Era normal dar a los niños relatos de este tipo, donde objetos cotidianos se mostraban como alter egos nuestros. Todos debíamos entender, desde muy pequeños, cual sería nuestro destino en la vida. Hacernos a la idea de que todo lo que se creaba en este mundo, ya fuera ser vivo o máquina, acabaría desapareciendo de manera irremediable. Principio-Fin.


Un par de años más tarde me subí a mi bicicleta. Creyendo que llevaba bajo mi cuerpo a mi propio alter ego, comencé a pedalear y pedalear, prometiéndome que no la abandonaría nunca. No quería mirar hacia atrás. Sólo deseaba correr y que nadie me parara. Comenzó a llover con fuerza. Tuvimos que cobijarnos bajo la marquesina de un cine en obras. Una hora después sonaron las primeras alarmas del Toque de Descanso Laboral. Mientras mi bicicleta y yo las escuchábamos, pasó por delante de nosotros un coche de la Milicia Reguladora. Mis padres iban dentro. Me quisieron obligar a entrar en el coche y a dejar la bicicleta en la calle. Yo les dije que nunca abandonaría a mi alter ego.


La milicia me arrestó por rebeldía existencial. Llovía con más intensidad. Mi bicicleta y yo comenzamos a oxidarnos.


Jesús Elorriaga

1 comentario:

trilceunlugar dijo...

Bravo sr refitolero!!!
Que grande tu texto!!!