22 julio 2008

Sobre las putas

Una (triste) realidad evidente

Noticia publicada en El País. (c) JOAN M. OLEAQUE 20/07/2008

Las españolas vuelven a los prostíbulos

La crisis empuja a muchas mujeres a volver a un oficio copado por extranjeras - Los precios se derrumban y el cliente es más vejatorio y exigente

Una madame -o mami, en jerga más actual- presenta a la chica como Ana. Es muy joven, guapa, de aspecto poco artificioso. Viste la camiseta de la selección nacional de fútbol y un tanga. "Es natural, cercana, es lo que tienen las señoritas españolas", dice su madame. Ana tiene una mirada mortecina y una sonrisa suave cuando da dos besos al cliente. Dice que lleva muy poco en el negocio, que acaba de empezar.

Es de madrugada. Ella ejerce de prostituta en una casa-club de teórico alto nivel, muy conocida en la costa mediterránea. Está a medio camino entre un local y un bajo. Es un formato en alza. Son espacios personalizados. Algunos cobran unos pocos euros la hora; otros, unos 150 o 200 euros el servicio. Pero unos y otros, en tiempos de mayor bonanza económica, habrían sido mucho más caros.

Al invitado le recibe una mujer madura. Hace sentar al cliente y tomar una copa y empiezan a desfilar mujeres, no demasiadas, las suficientes para que las recuerde. Algunas casas-club tienen horario de 24 horas y despiertan a las chicas cuando hay faena. El horario diurno facilita que el cliente acuda a la hora de almorzar; la discreción, la atención de la madame y diferentes ofertas especiales -a partir de 20 euros- han hecho que se mezclen los tipos con corbata y los que llevan mono de taller. Las casas de citas y locales de este estilo se multiplican sin regulación. Las chicas nacionales destacan. Se las muestra como atracción.

Con el boom de la prostitución extranjera en años pasados, las españolas parecían haber desaparecido del mercado, excepto del más marginal, el de los polígonos de pueblo. Ahora, en los anuncios de prostitución en periódicos y en televisiones locales se grita su presencia. Incluso, la especificidad local: señoritas catalanas, andaluzas... Según Laura, propietaria de una casa de masajes en pleno centro de Valencia, "cada día más chicas nacionales se ofrecen ahora para trabajar". Por ejemplo, Laura, de mediana edad, que fue prostituta, es española. "Caí en esto por falta fuerte de dinero", cuenta. "Hace años, las muchachas españolas podían trabajar de gogó de discoteca o de lo que hiciera falta, no necesitaban recurrir a esto, pero hoy la economía va muy mal". "Además", insiste, "ahora los mismos clientes pagan más por ellas". En su momento sucedió lo mismo con las extranjeras esculturales que llegaban a través de las mafias. Ahora, hasta en webs especializadas se destaca si tal o cual chica ha nacido en España.

La fundación Amaranta, dedicada a la acción social con mujeres en exclusión, ha comprobado este aumento de prostitución española en pisos particulares. Y también a través de Internet o el teléfono. En estos últimos casos, el sexo se practica en la calle, en el coche del cliente. "Son chicas que quieren conseguir dinero rápidamente y de manera concreta. Ven en la prostitución una posibilidad de hacer que cambie todo", explica Pilar Casas, directora de Amaranta. "En la mayoría de los casos se trata de casi adolescentes con un panorama familiar y social muy desestructurado". Piensan que el dinero les permitirá una vida más fácil, diferente de la que conocen. "Tienen un historial variado de abusos, poca cultura y habilidad social, y nula autoestima". Pilar Casas cree que son, de algún modo, "chicas para las que hoy es muy difícil participar del sistema y de sus exigencias, más aún en una situación de crisis económica".

Aunque en clubes y en la calle hay un 85% de extranjeras, las españolas ya llegan al 30% en las casas de citas, según Amaranta. Ese camino va unido al consumo de alcohol y cocaína. "Cada vez es más común", indica Laura. "La mayoría de las españolas ya tomaban antes de ser prostitutas, y, cuando ejercen, acaban de hundirse", añade. Según Pilar Casas, "muchas se buscan a traficantes como compañeros".

Un estudio de Carmen Meneses, de la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, constata que las entrevistadas españolas habían tenido un consumo experimental de cocaína previo al ejercicio de la prostitución, mientras que el resto no. El alcohol y la cocaína les permiten sobrellevar la actividad que realizan. Algo que, por regla general, aborrecen. "Las consecuencias del consumo pueden llevar a la desprotección en las prácticas sexuales y a ser víctimas de agresiones por parte de los clientes". Esto se suma como una condena a todo tipo de deudas, algo que hoy atenaza a muchas jóvenes meretrices. Desde la hipoteca o alquiler, en el caso español, al pago a los mafiosos, en los de extranjeras. Desde el reparto de beneficios con proxenetas o dueños de club a la cirugía estética, algo muy común en las prostitutas del sector medio-alto.

Bien lo sabe Alicia, que cuenta a sus clientes que es venezolana, pero nació en Ecuador. Era de las que cobraba "50.000 pesetas antes del euro" en un pequeño y vetusto club de lujo español. En los últimos años, el precio no hizo más que bajar y el club cerró. Ahora, ha llegado a cobrar 60 euros en un enorme local de carretera, "y menos, si hace falta".

"En el mercado del supuesto lujo, los precios caen", corrobora Rocío Nieto, de la asociación para la reinserción de mujeres prostituidas APRAMP. Es consecuencia de la economía y de la increíble competencia. Según Nieto, "genera una mayor explotación, que expone a las mujeres a todo tipo de riesgos". Las prostitutas de lujo "se diferencian del resto en su educación y en sus maneras", explica Pilar Casas, de Amaranta, "pero también suelen provenir de un panorama íntimo de abusos". Según su experiencia, "como el cliente paga más, y ahora es una mala época, el trato es aún más vejatorio y exigente".

Parece estipulado que hay más de 300.000 chicas que alquilan su cuerpo en España. Se han barajado cifras estratosféricas y se ha especulado con la posibilidad de que el sector mueva de 32 a 40 millones de euros diarios. "Antes, la hermosura y la juventud se pagaban con mucho dinero en un club", explica Alex, antiguo propietario de casas de citas. "Ahora todas las señoritas son hermosas y jóvenes. La sensación es que hay más prostitutas regulares que clientes habituales".

Eso parece en El Caminàs, un largo sendero entre huertos castellonenses. Como en otros lugares de España, allí, ahora mismo, abundan las muchachas rumanas jóvenes y bellas que años atrás hubieran podido pertenecer al sector del lujo. Ahora, el chulo incluso las lleva del huerto a la casa del cliente en una moto de campo por 10 o 20 euros. También recorre esos campos una furgoneta con dos proxenetas, un colchón y varias rumanas. Los tipos le ofrecen la chica a cualquiera por lo que lleve en el bolsillo.

Otras muchachas son transportadas cada día en furgón hasta esa zona, donde pasan jornadas de 10 horas o más. Llevan sillitas de playa, algún bocadillo y una botella de agua que les quita la sed y les hace de bidé. Aceptan prácticas sexuales extravagantes y de riesgo. "Sólo lo normal no suele pedirlo ya casi nadie", explica Sofía. Dice que es de Jamaica, pero es africana. Decenas de chicas compiten con ella. Sofía aprieta un móvil con la mano; con él avisa a su vigilante -su proxeneta, que de vez en cuando aparece por los naranjos- cuando tiene un cliente.

Chicas moldavas se arrastran por El Caminàs con algún ojo morado y hasta con señales de mordiscos en la cara. Según la Unidad Central contra las Redes de Inmigración, la prostitución mafiosa de Europa del Este es la principal en España. La edad de las chicas oscila entre 18 y 22 años. Los golpes de los proxenetas las empujan a los caminos.

Laura no permite la interferencia de mafias. "Vinieron unos rusos a ofrecerme señoritas, que se podían cambiar cada cierto tiempo, y les dije que se fueran". "Si aceptas eso, luego te piden que abras 24 horas, luego que trafiques, va todo unido", expone. Tampoco ha tenido nunca orientales, que ahora se multiplican. "Las hacen pasar por japonesas, pero son chinas", explica.

Un trabajo realizado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III (publicado en la revista Sexuality Transmited Infections) cataloga a España como el territorio desarrollado con mayor prevalencia de relaciones sexuales venales: uno de cada cuatro hombres ha pagado por sexo. La prostitución está asimilada. Especialmente, el moderno club de carretera ha sido el gran dispensador de ella. Pero hoy la discoteca sexual de grandes dimensiones también pasa por dificultades. El modelo se agota.

"Parece que está variando", explica Esperanza Casals, sexóloga y directora del grupo de psicología aplicada Espai. "Se ha dado una asimilación de la prostitución como un consumo lúdico y masivo desligado de la moral. Y lo ha hecho a través de la propaganda de esos locales, de la vinculación de su oferta a las despedidas de soltero y al fin de semana". Ahora, en época de recesión, intentan vender lo mismo de otro modo. Al igual que las tiendas de precio medio emulan los diseños de las firmas italianas, estos locales ofrecen clase preferente a precio de calle. El alto standing, sin serlo. Rebajas todo el año.


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