23 octubre 2006

Antonio, un Poeta

Antonio M. Figueras: «El día que todos los poetas asomen en «El Tomate» estaremos perdidos»

A. A.
MADRID. Antonio M. Figueras, periodista y filólogo, acaba de ser padre y presentó ayer su segundo libro de poesía, «Nadie pierde siempre» (Ediciones Amargord). Su primera obra, «Poemas Complutenses» (1989) sufrió una especie de exilio interior.


-¿Vivir es un oficio de perdedores?

-Desde que nacemos estamos perdiendo, pero de manera irreflexiva e ilógica nos empeñamos en luchar como si pudiéramos ganar. Se consiguen pequeñas victorias, pero al final el tiempo y el olvido ponen a casi todos los hombres en su sitio: la nada más absoluta.

-¿Y la vida, carretera secundaria o un tango triste cantado por otros?

-Lo del libre albedrío queda muy bien cuando se cree tener casi toda la vida por delante. Las circunstancias terminan siendo más potentes que la voluntad de las personas. Nadie escribe el guión, el destino es caprichoso, pero algo nos empuja hacia ninguna parte.

-¿Cummings es su alter/ego?

-Cummings fue un descubrimiento de juventud. Por una de esas casualidades terminé envuelto en la aventura de participar en «Buffalo Bill ha muerto», una antología del poeta estadounidense que Hiperión editó en 1996. Cummings es una de las cumbres de la poesía universal. A mí me sirve como ejemplo: era tan libre que su originalidad parecía indecente.

-Cummings, Costafreda, Baudelaire... el resto es la vida. ¿Los poetas se conforman hoy con ser transformistas en cabarets sin música?

-El exilio, el silencio, las catacumbas... allí deberíamos permanecer la mayor parte del tiempo. Salir lo justo, contar lo nuestro y volver a la callada existencia. El día que los poetas empiecen a asomar en «El Tomate» estaremos perdidos.

-¿En qué incendio se aloja el poeta cuando alguien le dice que afuera hay nieve y ya no puede creer en las palabras?

-Durante algún tiempo el periodismo me salvó de la poesía. Al fin y al cabo no me siento parte de ninguna cofradía del verso. Cuando decrecían mis esperanzas en el periodismo me podía refugiar en la poesía. Y cuando fallan los dos (algo muy habitual), sólo me queda la vida: mi hijo David recién nacido, mi familia, aquellas pequeñas y grandes cosas en las que realmente se resume nuestra biografía.

-Ni siquiera los yanquis ganan siempre.

-Nadie gana casi nunca. Los americanos no vencen del todo. Ahí está Irak. Si vamos a perder, preparemos entonces una derrota digna, estética.

-¿El amor es como un juego de marcianos: al final siempre se pierde?

-Pregúntele a Garcilaso, por ejemplo. En el amor siempre se pierde, unos más, otros menos.

-«Derrocado el corazón,/intento salvarme de la tragedia./Hago como si no estuviera muerto». ¿Qué es la tragedia para un poeta?

-El problema del sentimiento trágico de la vida que a muchos acompaña es que impide la mayoría de las veces exprimir nuestra existencia. Mientras reflexionamos sobre la levedad del ser dejamos escapar la propia vida.

1 comentario:

brandelia dijo...

eu xuraría que puxen aquí un comentario fai dous días. pois nada. ese home seméllase moito a min e a... los suaves. pensei na frase dunha canzón deles que me gusta moito que di "ou nacemos fracasados ou se fracasa despois" e "unhas veces foi moi tarde para facer o que quixen, e outras veces moi cedo para o que quixen facer; nesta historia irmán, sempre nos toca perder". ás veces penso así, pero quero pensar doutro xeito:) si, o meu ser é pesado e non leve, pero ao mesmo tempo ese peso fai que sexa denso e que conste como ser, que deixe pegada:) bicos, wapo!