29 septiembre 2006

La raíz del problema

Bueno, hoy me ha dado por pensar, así que estáis avisados...

Ayer dispararon a una mujer con una escopeta, en su casa, cerca de Madrid. El que le disparó fue su marido, un tipo "fanfarrón, que gritaba mucho y se cabreaba por todo, pero que jamás fue violento", según un vecino de la zona. La razón del disparo parece que es bastante clara: Su mujer quería divorciarse de él. Y eso es lo que recibió, dos tiros a bocajarro. Bueno, no es nada nuevo. Más peste de la misma mierda. El caso es que cada vez se intenta concienciar más a la población de este problema, la violencia doméstica o, mejor dicho, terrorismo domestico. Porque hay que llamar a las cosas por su nombre, por lo que son. Vivir con el terror en el cuerpo a ser maltratada, asesinada y acosada por el cónyuge, cuando no por sus jefes o cualquier gilipollas que tenga trato con una mujer.

Ayer vi un anuncio en el que se insta a las mujeres a no conceder una segunda oportunidad al matratador. Me parece bien, pero creo que debería estudiarse las raíces del problema y atacarlo con todos los medios. Creo que quizás lo más peligroso no se esconde detrás del miserable que con una pistola o una escopeta le pega dos tiros a su mujer y luego, el muy cobarde, trata de suicidarse o sale a la calle gritando "¿Pero qué hecho, Dios mío?". Están bien todos los planes institucionales que se puedan dar para apoyar a la mujer maltratada y educar a la sociedad a vivir en conviviencia y respeto mútuo. Pero hay gente a la que todo esto le importa un bledo, simplemente porque no va con ellos.

Constantemente vivimos rodeados por una cultura, un estilo, una forma de vida que magnifica o "respeta" valores puramente masculinos, o machistas. No hablamos ya del simple chiste, o chascarrillo en el trabajo o en las clases hacia las compañeras, o el chulo de discoteca que se cree el rey del mambo y piensa que puede decir cualquier soez o menospreciar a cualquier chica que se cruza en su camino, o a los piropos gratuitos que los tíos sueltan en compañía de otros sin que nadie les haya pedido su opinión.

Veo a mi alrededor una amalgama de tópicos y detalles que me hacen pensar que todavía se sigue potenciando esa cultura bañada en testosterona. Valores como la fuerza, la velocidad, la potencia, la dureza física ocupan muchas partes de la comunicación entre los hombres, mientras que otros valores como el respeto, la sensibilidad y la tolerancia se etiquetan como "débil", "flojo" e "inutil", cuando no de "ingenuo". Cualquier hombre de corazón tuneado y deseoso de masculinidad no dudará de pavonear sus hazañas más "masculinas" ante sus colegas, de lo rápido que puede ir su coche o el ruido de su moto, de cómo humilló a sus oponentes en una reunión de trabajo, lo fuerte que es la bebida que tomaron, lo guarras que son las chicas que se follan, los duros que se presentan ante la vida, donde lo saben todo y nadie les pone un dedo encima, siempre cabreado ante cualquiera que pueda dudar de sus capacidades y opiniones, criticando a quienes huyan de lo clásico, de lo hortodoxo, de "lo de siempre", venerando al "arte" que consideran como realmente interesante (toros, futbol, motos... ) menospreciando cualquer otra forma de creatividad que no se base en resultados o hazañas, a la que consideran aburrida, incomprensible, sensible, etc. (cine, danza, poesia...), sobrevalorando lo vulgar (lo que hace todo el mundo, lo conocido, lo popular y banal en algunos casos) ya que de lo contrario sería algo MARGINAL, lo peor que puede ser en esta vida si no es MARICON, posiblemente el peor insulto, el callejón sin salida ante el que un hombre de corazón tuneado no puede hacer otra cosa más que defenderse hasta las últimas consecuencias, porque según ellos, sería un atentado en toda regla ante su masculinidad ante la visión que los demás (los otros) puedan tener hacia él.

Y ya puedes ser un canalla, un cobarde, un ladrón, un miserable, pero siempre hay que morir como un "hombre". A los niños antes no se les permitia llorar, ni mostrar signos de fragilidad ante los demás, ya que siempre debían aparentar esa fortaleza inexistente que sólo se siente y se demuestra cuando realmente en la vida hay que saber demostrarla, casi siempre en privado y ante los problemas que uno encuentra cada día, especialmente aquellos que requieren de nuestra madurez y responsabilidad, y no sólo de la "hombría" o de la testosterona, que tan bien (y placentera) resulta sentirla a la hora de practicar sexo.

Al final uno en esta vida sólo puede responder de las cosas que ha hecho, los amigos que ha conseguido, el trabajo que ha realizado de la forma más honesta y dedicada posible, en cómo uno sabe enfrentarse a las situaciones que encuentra, y es en el recuerdo de la gente que te ha conocido, en las "fotos" que tienen de ti, donde realmente se ve al Hombre y a la Mujer que ha sabido vivir con dignidad, haciendole la vida mejor a quienes les rodean, valorandoles por cómo son y no por lo que tienen o aparentan, con respeto y tolerancia.

Quizás suene todo esto a mariconez, pero es que no nos queda otra opción para poder sobrevivir en este mundo repleto de Absurdo e Injusticia que nos ha tocado.

Mr. R (hoy tengo uno de esos días...)

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