29 junio 2006

Toro Salvaje

Raging Bull (Toro salvaje). Martin Scorsese, 1980

"Esto es espectáculo", cantaba desafinando el viejo y gordo Jake La Motta frente al espejo de su camerino, antes de salir al escenario para tratar de crear algo de emoción en su maldita vida. Y él se lo cree todo, que hace gracia, que es guapo, que vuelve a ser un toro salvaje, que es el mejor, el campeón, aunque sepa que por sus manos pequeñas nunca llegará a ser Peso Pesado, que nunca se podrá coronar como el rey del boxeo, y se siente débil y paranoico, y frustrado por tener un carácter mediocre lejos del ring, y aunque tratara de abrirse la cabeza en la celda preguntandose "¿Por qué?" repetidas veces, cuando le pillaron flirteando con aquella niña en su club, sabe que jamás obtendría respuesta a su vacío, nunca obrentedrá el perdón de quienes hizo daño, nunca volverá a recuperar el cinturón de campeón.

Pero desde el polvo trata de reafirmarse y de tambalearse como un pelele que busca oxígeno hundido en un lago de arenas movedizas. Entonces se mira al espejo y piensa que es divertido, que tiene gancho, que llegó a ser el mejor, sabiendo que nadie le podrá tirar al suelo, aunque Ray le destrozara la cara a golpes en aquella noche llena de humos, focos y montaje brutal de Thelma Shoonmaker.


"La victoria tiene un centenar de padres, pero la derrota es huérfana" (JFK)

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