05 mayo 2006

Relativo

"Todo es relativo", artículo de Benito Peral

Todo es relativo, he aquí el único principio absoluto. Así se expresaba Augusto Comte el padre de la filosofía positiva. Aunque dice que todo es relativo suena paradójicamente muy tajante. Digamos mejor que en las cuestiones de la vida "casi" todo es relativo.

Dos siglos antes, su compatriota Montaigne describe en sus Ensayos un sinfín de costumbres y creencias que nos pueden parecer rocambolescas y que son normales en los pueblos que las practican. Por cierto, tenéis que leer a Montaigne, resulta increíble que este hombre haya vivido en el siglo XVII; confirma aquello de que sólo leyendo a los clásicos encuentra uno cosas realmente novedosas. Pero no hay que ir tan lejos, a la Psicología Cultural, para encontrarnos con la relatividad de casi todo. Mucho más cerca, en nosotros mismos, podemos ver como nuestras certezas pretéritas hoy son ideas erróneas.
Cuando pienso cómo era yo hace unos años, cuando rondaba los veinte; qué pensaba entonces de las cosas que me rodeaban; qué opiniones y creencias mantenía; me quedo atónito y me parece sorprendente que sea la misma persona. Lo que antes me resultaba evidente, ahora me parece imposible. Pasé de ser pura certeza a duda con patas. Me vienen a la cabeza en este momento unos versos muy populares de Don Ramón de Campoamor que decían algo así como: "En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, que todo es según el color del cristal con que se mira".

Además del cambio paulatino, ese que va modificándonos sin apenas percibirlo, hay experiencias límites en la vida de muchas personas que les hacen cambiar súbitamente su manera de estar en el mundo. Pasan por situaciones extremas donde ven de cerca la muerte, la esquivan, salen adelante y a partir de entonces tienden a relativizarlo casi todo. Se produce en ellos una transformación positiva de la personalidad que les hace más serenos y menos rígidos.
Ojalá no sea necesario pasar por crisis extremas para comprender que hay que relativizar, quitar hierro, disminuir la seriedad y saber que hay pocas cosas realmente importantes ¡Cuántas energías perdemos en discusiones nimias! ¡Cuántos desencuentros por cuestiones superficiales! ¡Cuánto esfuerzo en mantener posiciones numantinas! ¡Cuánto absolutismo! Y contra el absolutismo tolerancia y flexibilidad.

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