16 noviembre 2005

Cañón de electrones

Ayer fue un día salpicado por la lluvia y mientras rebañaba un plato de ensaladilla rusa, una mujer gritaba desesperada en la televisión porque su hermana había sido asesinada por el marido de ésta, y luego dicen que el tipo, el muy vil, miserable, va y se quita la vida, y la vida de este sujeto no vale una mierda, no vale nada, ni una puñetera lágrima y pego un bocado a un pescado frío que tengo en el plato, tragando agua y cabreandome porque no puedo cambiar de canal, ya que el mando a distancia de la tele está inútil después de que fuera regado accidentalmente por una jarra de agua, y se acumulan más historias trágicas en la tele, en el informativo, y si cambiara de canal me encontraría un concurso, o un programa donde sale la pija de Paris Hilton dandole las gracias a unos policías que la habían detenido junto con su ligue por intenter haberse llevado por delante a unos periodistas y que luego la dejaron marchar, o repiten por enésima vez una serie por otra cadena y en los postres uno sigue viendo cómo de miserable es la gente en sus rutinas y cómo la veo desde la cocina de mi casa sin sufrir ni una leve indigestión, o aflicción, por toda esa acumulación de miserias, ya que hemos llegado a un punto en que todo es una ficción y la ficción no puede salpicarnos en la cara hasta que no la sufrimos en primera persona, y así será, y por eso en los informativos ponen deportes, el tiempo, noticias de corazón, publicidad, etc, la vida de esa hermana no es más que otro espacio a rellenar en ese negocio y ante nuestros ojos, como cuando vemos matanzas, gente pidiendo ayuda a una cámara, condenados a muerte, personas que lo han perdido todo en un atentado, un huracán o un misil equivocado, etc, ante nuestros ojos, decía, forman parte de un pastel de ficción que sale disparado por ese tubo de rayos catódicos, por ese cañón de electrones, o plasma, o LCD, etc. hacia nuestra cara, y siento que me toca echarme una siesta, de no más de veinte minutos, para poder soñar que puedo acariciar una piel cálida y así volver a la suave y oscura seguridad de cuando flotaba en aquella galaxia de placenta lejos aún del oxígeno humano

Tal vez debiéramos permanecer,
algo más fríos,
frente a la Televisión;
porque temo que del otro lado
nos pueden ver.
El programa de hoy
es para gente como tu y como yo.
No deben saber quien soy,
alguien filmó mis sueños en la televisión.

("Sueños en televisión", de Santiago Auserón)

fotografía de http://www.baymoon.com/~auldane4/art.htm


Mr. R (oh well, whatever, nevermind... )

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