04 octubre 2005

Esperanza de espino

Se amontonan en campos de concentración, o acogida. No tienen un futuro claro, huyen de todas partes buscando un poco de esperanza en sus ojos. La esperanza puede volver a un hombre loco, decía Morgan Freeman en la película Cadena Perpetua. La esperanza genera ilusión, la ilusión te lleva a al deseo, y el deseo a la ansiedad cuando no lo puedes hacer realidad. Entonces eres capaz de cometer cualquier cosa con tal de liberarte de esa ansiedad y desesperación que te quema el cuerpo, y saltas, golpeas, sudas, robas, matas, peleas.... la vida se convierte en una auténtica y constante pelea contra el destino. Hay películas estupendas que hablan de eso: "América, américa" de Elia Kazan y "In this world" de Michael Winterbottom, son un perfecto ejemplo.

Las mujeres gritan desesperadas, los hombres tienen las manos ensangrentadas. Todos en calma tienen la mirada perdida, blanca, cristalina, saben que volverán a intentarlo, aunque les atraviesen mil balas, y sus cuerpos queden atrapados en la alambrada. Aquí en Occidente hay desesperados que se suicidan cada día, que se hacen adictos a todo tipo de drogas, pornografías y programas basura donde cualquiera puede robarle la intimidad de otro entre aplausos y carjadas. Buscan sus propias formas de no naufragar en este océano de petróleo sin fin. El catálogo de Ikea es la revista más llevada en las manos este último mes, son bonitos los diseños, parecen baratos, encajan en cualquier rincón de una futura casa que parece que nunca llega y, soñamos, nos hará sentirnos felices como en un refugio lejos del caos dormido que vaga sonámbulo por la calle.

Y otros escapan de una vida sin sentido, donde nadie la sabe valorar correctamente, hacia Babylon, la tierra ocupada por el hombre blanco. Qué queda de Zion, la casa original de la raza humana y la civilización "negra", tierra prometida de los Rastafaris, que situan cerca de Etiopía, como origen de la vida, y a cuya morada esperaban regresar algun día ante la llamada de Jah. Los leones se mueren de hambre y necesitan luchar por conseguir un poco de aliemento que les mantenga vivos.

Mientras, aquí veo pasar la vida por la ventana de la televisión, acercándome a la orilla del mundo exterior con flotador y arneses, para no ahogarme en mi propia ilusión. Desayuno con calma cada mañana y a veces me da por caminar hacia ninguna parte, simplemente mirando horizontes, vías de tren, carreteras, nubes...

Mr. R. (ze urrun dago Camerún)

(foto de Bernardo Pérez, El País)

No hay comentarios: